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Tierra Muerta: Génesis - Capítulo 3

¡Hola, queridos lectores!

Habréis podido observar que últimamente el blog tiene menos actividad. ¡Es que estoy un poco ocupado con los deberes no relacionados con la escritura! Además, estoy pasando por una etapa de escasa inspiración. Las musas, que si no les pones galletas y un cafelito, no vienen a visitarte. ¡Pero no os preocupéis! No creo que pueda terminar Mundo sin muerte antes de final de año, ¡pero lo terminaré más pronto que tarde! ¡Y tengo otra sorpresa que ya conoceréis!

Entre tanto, ¡os dejo con el nuevo capítulo de Tierra Muerta! La historia de zombies de mi hermano se pone cada vez más interesante, ¿no? ¡Que la disfrutéis! Como siempre, podéis dejar vuestros comentarios o donativos. ¡Se agradecen!

CAPÍTULO 3

Noah, Perla y Linda había conseguido evitar a unos cuantos zombis hasta que llegaron a las puertas de la casa del chico. El grupo se quedó extrañado debido a que nadie de la familia del joven había ido al pueblo, sin embargo la puerta de su casa estaba abierta de par en par. Una de las teorías que les rondaba la cabeza era que la última vez que estuviesen allí alguien de la familia se dejase la puerta sin echar la llave y algún infectado la hubiese abierto.
—Voy a entrar, tomad la tapa y el rastrillo, me molestarán para moverme por dentro. — Dijo entregándoles los útiles mientras también agarraba la escopeta.
—¿Te cubrimos las espaldas? — Preguntó su prima.
—Como veáis, no os quiero obligar a nada.
—Venga, pasa, nosotras vigilaremos que no entre ningún muerto viviente que venga de fuera. — Dijo Perla.
Los tres entraron en la casa y cerraron la puerta. Primero inspeccionaron la planta baja: el recibidor, la cocina y el trastero. No había nada. Perla se quedó en una de las ventanas desde donde se pudiese ver la entrada vigilando que no se acercase ningún zombi a la casa. Linda y Noah subieron al primer piso, el cual era la parte en la que dormía eel muchacho con su familia cuando iban allí a pasar algunos días libres. La registraron y tampoco encontraron nada.

Era hora de subir al segundo piso, donde habían otras habitaciones del mismo modo distribuidas. Esa planta siempre le había dado miedo al muchacho desde que era pequeño y aún le seguía dando escalofríos, por lo que inconscientemente alzó su alerta. Linda se quedó vigilando en el descansillo del primer piso. Poco a poco fue subiendo la escalera que conducía a la parte de arriba del edificio. Con la punta del arma abrió la puerta que se encontraba entornada. Todo estaba oscuro. Entró en el pasillo y dio la luz pero no funcionaba, parece que había sido interrumpido el suministro eléctrico del pueblo. Se dirigió sigilosamente hacia el dormitorio de matrimonio, pues era en el armario donde se encontraba el arma que buscaba. Ya estaba en la puerta, de frente quedaba una pared donde había colgado un cuadro con la cara de Jesucristo que siempre le había puesto los pelos de punta, a pesar de que él también era creyente. A la derecha quedaba el armario a donde quería acceder y a la izquierda el resto del dormitorio. Finalmente entró en la habitación y se puso frente al armario, escuchó un ruido y miró hacia la cama de sus tíos y allí vio, de espaldas a él a un infectado. Lo apuntó con sigilo para que no se diese cuenta de su presencia y cuando estaba a punto de disparar, repentinamente se abrió detrás de él la puerta del armario y otro infectado cayó sobre Noah. En las plantas de abajo se escuchó el ajetreo, pero de repente se oyó un disparo y todo quedó en silencio.

—¿¡Qué ha pasado!? — Preguntó Perla a Linda que acababa de subir del primer piso para saber qué sucedía.
—¡No lo sé! ¡Todo vino de arriba! ¡Subamos! — Contestó Linda.

Acto seguido las dos chicas subieron a la última planta de la casa y desde el acceso al pasillo podían ver de frente la alcoba donde tenía pensado ir Noah, en la cual un infectado se levantaba.
—¡A por él! — Gritó Perla mientras las dos corrían para acabar con él.
Pero de repente se dieron cuenta de que no se levantaba por sus propios medios, sino que era el chico el que lo estaba elevando.
—¡Noah! ¿¡Estás bien!? — Preguntó su prima mientras lo ayudaba a ponerse en pie.
—Sí, gracias a él. — Contestó señalando con la cabeza al otro lado de la habitación.
Ambas chicas miraron en la dirección que éste señalaba y allí vieron a un joven que estaba apuntando con una pistola en dirección al armario.
—Ah… Hola… ¿Y tú quién eres? — Preguntó la amiga.
—El chico bajó el arma y contestó con una sonrisa. — ¡Qué gusto da encontrar seres vivos por aquí! ¡Hola, soy Tony, encantado!
—Encantados nosotros también y yo agradecido por salvarme. Yo soy Noah y ellas son Linda y Perla.
—Mucho gusto. — Dijeron al unísono.
 —Bueno… — Comentó Noah mientras se volteaba al armario. — Yo he venido a por esto… ¡Tachán! — Dijo cogiendo una bolsa alargada. Al abrirla en la oscuridad, cayó en que en su llavero llevaba una linterna pequeña y que la podía haber usado antes. Ya no era tiempo de pensar en eso y la sacó para alumbrar el interior de la bolsa. — A ver si me acuerdo de cómo se montaba. — Habló consigo mismo.
—¿Y quién eres? O sea… No eres del pueblo. — Interrogó Linda.
—Soy guardia civil, recibí una alerta de esta pedanía y vine con una compañera que desgraciadamente…
—Lo sentimos. — Intervino Perla.
 —No pasa nada, ahora toca descubrir lo que está pasando aquí. — Contestó Tony.
—Bueno, esto ya está listo. — Comunicó Noah poniéndose en pie. — Vayamos a la casa de tu tía a por las llaves.
—Está bien… Ojalá aparezca Dana pronto… Y… — Deseó Perla, pero repentinamente la interrumpieron una serie de disparos que rompieron el silencio del pueblo.
—¿Qué habrá sido eso? — Preguntó Linda.
—Disparos, eso por supuesto. Parecía que venían de la parte oeste del pueblo.
—¡Es por donde se va al río! ¡Quizás el pescador haya traído ya a Dana y los niños! —  Exclamó entusiasmada la hermana de la chica mencionada. — ¡Tenemos que ir a la parcela que permite bajar al río, está cerca y puede que ya estén allí!
—No, no iremos.- Se opuso Noah en un tono serio. — Sé que quieres ver ya a tu hermana, pero debemos darnos prisa. Que Linda y Tony, si quiere colaborar, claro, vayan a la parcela y tú acompáñame a casa de tu tía a por las llaves, será mejor que se las pida alguien de más confianza que yo. — explicó.
—¡Colaboraré, chicos! Vosotros conocéis mejor el pueblo que yo y podéis ayudarme en mi investigación.
—Pero…- Dijo Perla pensativa.
—En este caso es lo mejor. Tranquila, yo cuidaré de tu hermana. — Calmó Linda a la chica poniendo sus manos sobre los hombros de ésta.
—Está bien, pero venga, ¡vayamos ya! — Accedió.

*****

El grupo se dividió en dos, Noah y Perla fueron a por las llaves que les permitiría abrir la iglesia y el bar, y Linda y Tony fueron a la parcela a recibir y guiar a Dana y los niños.

La pareja de mayor edad no tardó en llegar a su destino consiguiendo evitar a algunos zombis y se quedaron escondidos detrás de unos coches desde donde los infectados no les pudiesen detectar con facilidad y también donde se les permitiera observar bien la llegada de gente que subiese del río.
—¿Crees que lo habrán conseguido? — Preguntó la chica.
—No lo sé, no conozco la destreza de esa chica a la que esperáis ni sé la magnitud de infectados que pueden andar por ahí sueltos. — Respondió el guardia civil.
—Tienes razón, ha sido una pregunta un poco tonta.
—¿Has perdido a muchos?
—Sí… A todos… Aunque bueno, doy gracias de que mi primo segundo, Noah, esté aquí. Aunque no sea familia directa pone una gota blanca en este mar negro.
—Lo siento…
Linda le contestó con una sonrisa haciendo ver que era lo que tenía que asumir y que no podía hacer más. Tras esta breve conversación se comenzaron a escuchar pasos que procedían del camino del río. Tony alzó la guardia y colocó sus manos sobre la pistola mientras ambos se asomaban para esperar si sería el grupo que esperaban o una manada de muertos vivientes. Enseguida comenzaron a ver aparecer niños sin mostrar signos de zombificación y salieron de su escondite.
—¡Hey, chicos, aquí! — Los llamó Linda susurrando lo suficientemente alto para que la escuchasen.

Los niños se giraron hacia ella y acudieron detrás de los coches. Tony vio aparecer a Sergei, al cual le llamó a que acudiese allí con un gesto de la mano. Después se volvió a hablar con Linda.
—¿Era un chico lo que teníamos que esperar?
—No, ¿por? — Contestó la chica alzándose para ver si se trataba de Dana. Reconoció a Sergei, pues lo conocía desde que éste era un bebé y lo abrazó al alegrarse de verle. — ¿Qué tal estás? ¿Al final has ido tú sólo con el grupo de niños hacia el sur? ¿Sabes algo de Dana? — fusiló al joven con preguntas.
—Eh… Dana… ¿Dana aún no ha llegado?
—No hemos visto a nadie.- Informó Tony.
—Mierda…
—¿Qué pasa Sergei? — Quiso saber Linda con cara de preocupación.
—Pues… Cuando Dana decidió escapar con los niños ofreciéndose como protectora yo decidí ayudarla y bajamos al río. Allí…
—¿Y el pescador? ¿Dónde está? — Preguntó de nuevo interrumpiéndolo.
—No sé nada de ningún pescador... — Contestó apresuradamente.
—Quizás haya caído. — Supuso Tony.
—Sí… Y, bueno, cuéntame más.
—Pues… Acabamos llegando al río pero con la crecida nos era imposible cruzarlo y seguir adelante, así que decidimos volver.
—¿Y Dana ha…? — Dejó la chica la pregunta en el aire.
—Verás… En la bifurcación de caminos había tres zombis y Dana decidió ofrecerse de cebo para distraerles y así pasasen los niños a salvo de infectados. Se fue por un atajo que era más complicado que los niños pasasen y desde ahí ya no sé nada de ella. Se suponía que ya tenía que estar aquí, pero lo más probable es que no lo haya conseguido…
Linda se llevó la mano a la boca conmocionada por la noticia y pensó en el desconsuelo de la pobre Perla que sufriría al enterarse de la noticia.
—Linda, tenemos que irnos. — Interrumpió el momento el guardia civil.
—Sí… Está bien… Niños, seguidnos, con cuidado.
—¿Y Dana? — Preguntó uno de ellos.
—No lo ha conseguido… — Contestó Sergei.
El grupo caminó cabizbajo siguiendo a Linda para llegar hasta la iglesia donde se encontrarían con Noah y Perla.

*****

La pareja más joven llegó a la casa de la hermana de la abuela de Perla. Allí la chica  llamó a la puerta esperando a que su tía abriese. Pasado un rato no obtuvieron respuesta, pero pudieron ver por una ventana movimiento en el interior. La chica se acercó al vano de la casa y susurró:
—Tía, soy Perla, abre, por favor.
Pasados unos segundos se escuchó cómo alguien abría la puerta desde dentro quitando cerrojos. Al abrirse la puerta ambos pudieron ver a la persona que buscaban.
—¡Hola, tía! ¡Qué alegría que estés bien! — Exclamó ella abrazándola. Noah observó cómo la anciana impasible recibía el abrazo. — ¿Dónde está Lili? Quiero verla.
—Está en su cuarto. — Respondió. — No la molestes, está durmiendo. Todo esto es muy duro y está cansada, ha llorado mucho. — Respondió la anciana. Perla notaba a su tía distante y un tanto hostil con ella. No quería cruzar las miradas con ellos y en seguida se fue a limpiar la encimera de la cocina. — Y bien, ¿a qué habéis venido? —  Preguntó como si la estuviesen molestando.
—Veníamos a ver si podías prestarnos las llaves de la iglesia y del bar, necesitamos reunir a todos los supervivientes del pueblo para colaborar todos unidos. — Le pidió educadamente su sobrina.
—Esperad aquí… — Dijo mientras cruzaba la puerta de la despensa. Mientras, Noah se acercó lo suficiente a Perla para poder susurrarla y que lo oyese sin que la anciana se enterara.
—Oye, ¿no crees que hay algo sospechoso en su comportamiento?
—Sí, pero no sé, quizás esté cansada.
—Deberías subir a ver a tu prima.
—¿No creerás que…?
—Mejor asegurarse. Toma. — Concluyó prestándole la escopeta de perdigones. — Date prisa antes de que regrese tu tía.
—Está bien… — Aceptó yéndose con sigilo hacia las escaleras.

De no ser porque su tía estaba medio sorda los hubiese descubierto por el crujir de los escalones. Perla subía sigilosamente por la oscuridad hasta llegar al piso superior donde se encontraba el cuarto de su prima. La anciana salió de la despensa y observó que el chico estaba solo en la estancia.
—¿Dónde está Perla? ¿No se le habrá ocurrido subir? — Preguntó encabronada. Se acercó más al chico y lo agarró por el cuello de la chaqueta. — ¿Dónde ha ido? — Preguntó con exigencia. Acto seguido lo soltó y subió las escaleras.

La chica tiró del pomo hacia abajo para abrir la puerta y entró a la alcoba de Lili. No parecía haber nadie. Se asomó por la ventana para echar un breve vistazo al panorama en el exterior y en seguida apareció su tía entrando por la puerta.
—¡Te dije que no subieses, maldita maleducada! — La gritó con los ojos desorbitados.
Perla se giró y miró hacia ella al darse cuenta de la presencia de su tía. Lo que no se esperaba era lo que estaba apareciendo de detrás de la puerta, ¡era su prima infectada! Un gruñido alertó a la anciana de la presencia de su nieta a sus espaldas y la zombi se lanzó sobre su abuela con ansia de carne. Perla se quedó paralizada contemplando la escena de cómo su tía estaba siendo devorada por su nieta, escuchando los gritos de dolor y desesperación. Tras dejar bastante mal herida a su abuela, Lili se levantó y se dirigió a atacar a perla.
—¡Eh, tú! — La voz de Noah se escuchó desde el pasillo y la prima de su amiga se giró hacia él. — ¿Tienes hambre? — Dijo irónicamente antes de disparar con la escopeta militar a la boca de la chica. La cabeza estalló bañando todo el cuarto de color rojizo y dejando caer el resto del cuerpo en el suelo, saliendo por el cuello una fuente de sangre. A Perla, del susto de todo lo sucedido, se le cayó la escopeta de las manos y Noah fue hacia ella apoyando su mano sobre el hombro de la chica.
—¿Estás bien? — Preguntó por su estado.
Perla dejó de tener la mirada perdida y la posó sobre los ojos de Noah. Éste vio cómo los ojos de la chica miraron a los suyo y posteriormente detrás de él.
—¡Agáchate! — Le ordenó gritando su amiga.
Noah al instante obedeció y ésta sacó sus dos pequeñas hachas de cortar maderos y con una técnica cruzada le cortó la cabeza a su tía que se había levantado zombificada. El miembro de la anciana comenzó a rodar por el suelo y el cuerpo cayó al suelo del mismo modo que el de su nieta. Noah que ahora permanecía agachado con los ojos cerrados y las manos cubriéndose la cabeza abrió los ojos, se incorporó y miró hacia atrás.
—Vaya, parece que por fin te salió la sangre fría. — Bromeó.
Perla le echó una mirada fulminante debido a que no le hacía gracia que bromease con la muerte de sus familiares.
—Lo siento… — Se disculpó Noah dándose cuenta de su error.
—Déjalo, ya nada importa. — Contestó la chica. Perla se agachó registrando a su tía para coger las llaves que buscaban. Se dio cuenta de que ésta ya había sido mordida con anterioridad debido a que descubrió bajo una venda de su brazo que le faltaba un trozo de carne. Esto explicaría su rápida transformación. Finalmente logró hacerse con lo que buscaba y se levantó.
—Vamos…- Concluyó antes de marchar por la puerta. Noah antes de salir de la estancia, vio que la cabeza de la anciana aún estaba viva. Era una imagen muy bizarra la que tenía ante sus ojos. Suspiró y con la culata de su arma de fuego destrozó lo que quedaba de la tía de Perla. Tras ello, bajó en silencio aún sintiéndose mal por lo que había dicho.

 

© Estrada Martínez, J.J. , 2013

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