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Tierra muerta: Génesis - Capítulo 13

¡Hola, queridos lectores!

¡Llega el penúltimo capítulo de Tierra muerta! después de todos los descubrimientos que han hecho Noah y sus amigos, hoy se presenta un episodio no apto para cardiacos ni gente demasiado sensible. ¡Atreveos a sumergiros en estas sangrientas páginas, antes de poder disfrutar del ansiado final el viernes! Como siempre, ¡esperamos vuestros comentarios!

—¿Te ayudo? — Dijo una voz femenina.
—¿¡Eh!? ¿¡Quién eres tú!? — Preguntó Yolki.
—Mi nombre es Helena, pero ahora eso creo que no importa.
—Mis amigos han quedado atrapados en esta cueva, tengo que quitar estas piedras para poder entrar a ayudarles.
—Oh, que bueno eres. — Le dijo mientras le daba un beso en la mejilla. — Venga, si tanto te importan te ayudaré. — Ambos comenzaron a abrir un agujero en la boca de la cueva para poder acceder a ella.

*****

Noah se abalanzó sobre el viejo y lo tiró al suelo desarmándolo. Con gran ímpetu comenzó a golpearle la cara repetidas veces.
—¡Noah, para, lo vas a matar! — Avisó Perla.
—¡Noah! ¡No lo mates! ¡Lo necesitamos! — Intervino su prima.
—¿Y vosotros qué hacéis? ¿No pensáis separarles? — Ordenó de forma indirecta la joven. Ramiro y Tony se miraron y corrieron a separar a ambos. Perla observó la situación y vio el cuerpo de Edurne inerte en el suelo.
—¡Oh, Dios mío! ¿¡Qué ha pasado!? — Quiso saber mientras corría hacia el cadáver.
    — Ce... Celestino... Está involucrado en toda esta mierda. — Contestaba Linda entre sollozos. — Edurne encontró unos documentos que lo delataron y él la asesinó y después... Fue a por mí...
—¿¡Qué!? — Se sorprendió Perla. Se dirigió hacia el viejo, le asestó una patada mientras aún se retorcía de dolor en el suelo y le escupió. Luego volvió junto al cadáver de su amiga y cogió su mochila donde había guardado sus diarios. Sabía lo importante que era para ella que se supiese la verdad, por el honor y la memoria de sus padres. También examinó la estantería y metió en la mochila todos los documentos que demostrasen que todo aquello era cierto.
—¡Cálmate, Noah! — Le pidió Tony mientras ambos le sujetaban.
—¡Sabía que este puto viejo no era de fiar! ¡Lo sabía!
—Noah, como sigas así tu herida empeorará y tú también. — Advirtió Ramiro.
—¿Herida? ¿Qué te ha pasado, Noah? — Preguntó su prima.
—Me... Me han mordido... — Respondió mientras conseguía mantener la calma.
—¿¡Qué!? — Dijo su prima mientras se llevaba la mano a la boca de preocupación y se acercaba a él. — ¡Noah, escúchame, tienes que aguantar! ¡Ya estamos cerca del final! ¡De la cura! Celestino dio alojo en este lugar al doctor que empezó todo esto, el que experimentó con devolverle la vida a los muertos. ¡El tiene que tener el remedio!
—Yo.. Yo sólo quería recuperar a mi hija... — Intervino el anciano mientras se retorcía en el suelo. Tras estos acontecimientos se escuchó hablar a la voz masculina por la megafonía.
—Bien hecho, Celestino, has cumplido con tu misión, ya no puedes hacer nada más por mí. Es hora de que recojas tu recompensa y entres a ver de nuevo a tu hija con vida. Respecto a vosotros, ya que habéis conseguido llegar hasta aquí, os merecéis una recompensa, pasad también. — Tras finalizar el discurso del hombre una puerta se abrió permitiendo el paso a una nueva estancia. Celestino se reincorporó rápidamente y entró a la sala con celeridad. El grupo le siguió hasta adentrarse en la nueva habitación. No era una cámara tan grande como las que habían visto con anterioridad. Consistía en un lugar de trabajo con una mesa central con productos químicos y un montón de ordenadores empotrados en las paredes. Al fondo de ella se encontraba un anciano y dos tubos de ensayo. En el cilindro al cual se abrazaba Celestino se encontraba una joven y en el otro se encontraba Mimí.
—¡Mirad! ¡Es Mimí! — Se alegró Linda.
—¿¡Está viva!? — Se sorprendió Tony.
—Claro que sí, ¿qué pensáis que soy? ¿Un monstruo? — Preguntó retóricamente el viejo. Sempronius se giró y tecleó algo en uno de los ordenadores. El tubo de ensayo de Mimí comenzó a vaciarse de líquido y la pequeña quedó tendida en el suelo. El cristal se abrió y el Doctor se aproximó a la niña.
—Despierta, pequeña, ya ha acabado todo. — Le dijo con mimo mientras le quitaba la máscara de oxígeno y la arropaba con una toalla. Mimí abrió los ojos y miró al anciano, después miró al grupo y se levantó y apresuradamente corrió hacia Linda a la que se abrazó y ésta le correspondió.
—Ya está pequeña, no tengas miedo.
—¿Qué le has hecho? — Quiso saber Perla.
—Vaya cría, ¿cómo osas hacerme tal desprecio con lo bien que te he tratado? — Dramatizó llevándose la mano al rostro como signo de decepción. — Lo que he hecho ha sido salvarle la vida. Todos se quedaron sorprendidos por la contestación del Doctor. A Ramiro, que de nada había estado involucrado en este asunto, le surgió la urgente necesidad de ayudar a destapar todo aquello y curar a todos los infectados. Había llegado lejos, sentía que era importante, que podía hacer algo para remediar todo el mal que había hecho, así que aprovechó las circunstancias y comenzó a husmear por su cuenta mientras el resto hablaba.
—¡Cure a Noah y explíquese! — Exigió Tony.
—A eso voy, joven, no se altere. ¿Curar? No hay cura. Cuando trabajaba para el Gobierno y para la empresa farmacéutica Yvic me dejaron experimentar con las generaciones nacidas entre 1988 y 1994 para trabajar en el proyecto de resurrección de personas. Todos los nacidos entre esas fechas de este pueblo son inmunes al "veneno" de los infectados. La reanimación consiste en que una vez que el cuerpo ha muerto, la bacteria estimula la parte del cerebro encargada de las actividades involuntarias, además de estimular los músculo para realizar los movimientos. Así los zombis sienten hambre y pueden moverse que es lo principal para vivir, como si fuesen animales carnívoros. El contagio de esta bacteria es por la saliva y la sangre. Los infectados no pueden morir por causas naturales, sienten hambre, pero eso no les mata, sólo es una sensación perenne que quieren saciar con ansia y por eso resultan tan agresivos.
—¿Qué? ¿Entonces ni yo ni Noah podemos morir al ser mordidos por uno de esos?
—Lo has entendido mi querida Perla.
—¿¡Cómo sabes mi nombre!?
—Ya te lo dije, experimenté contigo. Por cierto, ¿dónde está tu hermana, Dana?
—¡Maldito bastardo! — Gritó ella mientras se le abalanzaba con agresividad para agredirle.
—¡Perla, no! — Le pidió Tony mientras la cogía de la mano y la tranquilizaba.
Volvieron a su lugar y la joven notó cómo Ramiro hacía algo a sus espaldas. Le lanzó una mirada exigiendo saber qué estaba haciendo. Él sólo contactó visualmente con ella por un instante y en seguida puso su atención sobre el anciano.
—Bien, pues sintiéndolo mucho tendrá que venir conmigo para que le tomemos declaración. — Dijo Tony mientras se acercaba a Sempronius.
—¿Pero cuándo piensas sacar a mi hija de esta cosa? — Interrumpió Celestino.
—Ya voy, amigo, no se preocupe. — Contestó el Doctor haciendo caso omiso a las palabras del guardia civil y volteándose para teclear de nuevo en el ordenador. El segundo cilindro se vació de líquido y quedó el cuerpo de la joven desnudo en el suelo. Su padre le quitó la máscara de oxígeno de la cara y comenzó a despertarla.
—Vanessa, cariño, despierta. Papá está aquí...
—Bueno, pues ya está todo hecho. — Dijo el Doctor girándose hacia el grupo y metiéndose las manos en los bolsillos de tu bata. — Pero yo no pienso ir a ninguna parte, nadie irá a ninguna parte. — Sacó una especie de dispositivo y sonrió. — Cuando apriete este botón un montón de explosivos colocados por las montañas y por el pueblo harán explosión y todo este lugar quedará hecho ruinas, es imposible que sobreviva nadie.
De repente vieron como algo atravesaba la cabeza de Celestino. Su hija le había dado muerte clavándole una larga y afilada lengua por la boca saliendo por la parte posterior de la cabeza de su padre.
—¿¡Qué cojones!? — Se sorprendió Tony echándose para atrás.
—Es imposible conseguir que alguien resucite tan vivo como lo estamos nosotros. Esa muchacha estaba muy muerta, no pude ni si quiera convertirla en zombi, sólo experimenté un poco más con ella hasta convertirla en una de mis queridas bestias. Debéis pagar por despertar a mis esqueletos del cementerio y por matar a mi serpiente, a mi murciélago y a mi ciempiés humano. Mis queridas obras maestras... Vanessa, querida, acaba con ellos. — Ordenó mientras pulsaba el botón de destrucción de la zona. — Tenéis media hora para salir con vida de este pueblo.
Vanessa dio un gran salto y le brotó un gran tentáculo de la palma de la mano con el que se disponía a atacar a Tony, pero de repente una ráfaga de balas de ametralladora impactaron en el experimento del Doctor. Todos se giraron, ¡era Yolki!
—¿¡Qué haces aquí!? — Se sorprendió Noah.
—Rescataros, joder. ¡Vamos no hay tiempo! — El grupo salió apresuradamente de la sala y corrió por las cámaras de los tubos de ensayo. Sempronius pulsó otro botón y de repente fue atravesado por uno de los tentáculos de Vanessa.
—Oh, querida... No era necesario que hicieras esto... — Dijo mientras desfallecía.

El grupo se encontraba en la primera sala de experimentos y observó que todas las cápsulas se vaciaron y se abrieron liberándose así todas las personas que había allí atrapadas. Se trataban de infectados y rápidamente se pusieron en pie y comenzaron a abalanzarse sobre el grupo.
—¡¡Corred!! — Ordenó Yolki. El grupo se dirigió a la siguiente sala la cual también estaba infestada de zombis y tuvieron que comenzar a disparar para poder deshacerse de algunos y abrirse paso. Linda intentaba tapar a Mimí de cualquier bala perdida que pudiese impactarla. Perla ayudaba a Noah a correr con más velocidad debido a que el mordisco aún le dolía. Yolki y Tony se encargaban de abrir el paso, mientras Ramiro guardaba las espaldas del grupo. Al fin llegaron a la entrada de la cueva y vieron el pequeño agujero que pudo abrir Yolki para poder acceder. Linda se introdujo primero por el vano para que así hubiese alguien fuera para poder ayudar y poner a salvo a Mimí. Tras ella salió la pequeña. Después Perla ayudó a Noah a salir desde dentro y su prima por fuera.
—¿A quién le toca ahora? — Preguntó la chica mientras los otros tres disparaban al inmenso ejército de zombis que se les venía encima.
—¡Sal tú! — Gritó Tony. Perla los miró con preocupación y después se giro para salir por el agujero.
—¡Joder, cada vez están más cerca! ¡No damos a basto! — Dijo Yolki.
—¡Vamos, Tony, sal! — Le gritó Ramiro. El manco cesó de disparar y se dispuso a salir por el agujero.
—¡Yolki, te toca a ti! ¡Yo te cubro!
—¡No, sal tú! ¡También es mi trabajo cuidar de todos los supervivientes!
—¡No da tiempo! ¡Tú les serás de más ayuda que yo! ¡Sin ti están perdidos!
—¡No puedo!
Ramiro vio cómo Vanessa se acercaba por el final del grupo de zombis.
—¡Corre, sal ya! — Gritó Ramiro mientras se lanzaba al grupo de muertos vivientes y disparaba y golpeaba mientras era devorado como distracción para que Yolki escapase. —¡Dile a Perla que lo siento mucho por todo lo ocurrido! — Fueron sus últimas palabras mientras entre mordiscos su vida se apagaba.

Yolki emergió de la tierra por el agujero y observó al grupo. Vio que Helena no estaba allí y en seguida tomó el mando.
—¡Vamos! ¡Tenemos que ir a los coches! — Empezaron a descender por la ladera de la montaña lo más rápido que les era posible debido a la dificultad del terreno. En unos instantes se escuchó un desprendimiento y vieron que la entrada de la cueva había quedado totalmente despejada y las rocas se precipitaban hacia ellos. Vanessa había salido del laboratorio y parecía querer deshacerse de todo ser que quedase con vida persiguiendo al grupo. Una de las rocas golpeó a Perla en la pierna haciendo que callera unos metros más adelante.
—¿¡Perla, estás bien!? — Se preocupó Linda.
—Uf... No... — Dijo mientras se veía los brazos llenos de magulladuras que sangraban y con un fuerte dolor en la pierna derecha. — Necesito ayuda... — De repente vieron cómo Vanessa los alcanzó de un gran salto y se colocó tras Perla.
—¡Joder, no! — Gritó Noah. El monstruo comenzó a hacer brotar uno de sus mortíferos tentáculos de la palma de una de sus manos para asestarle un golpe mortal a la joven. Cuando lo hizo, Perla cerró los ojos. No sintió nada. Los abrió y giró la cabeza. Tony había interceptado el tentáculo, lo había atravesado por el centro de la caja torácica.
—Dios mío... Tony... — Dijo la chica llevándose la mano a la boca entre sollozos.
—Perla... Te... Te quiero... Lucha por vivir... Huye... Te quiero... — Se despidió el guardia civil antes de que de un movimiento Vanessa se deshiciese de su cuerpo lanzándolo varios metros por los aires.
—¡Vamos, Perla! — Gritó Noah mientras la levantaba y la cogía de la mano y la obligaba a correr.
—¡¡Tony!! ¡¡Te quiero!! — Gritó la joven con el rostro bañado en lágrimas a pleno pulmón esperando que su declaración llegase a tiempo a los oídos de su amado antes de que su vida cesase.

    El grupo logró bajar hasta el pueblo y callejear algo para despistar al terrible experimento del Doctor. De repente Mimí se paró en seco y se negó a correr.
—¿Qué te pasa cielo? — Le preguntó Linda.
—Estoy cansada... No... No tengo fuerzas para correr...
—Cariño, tienes que hacer un esfuerzo. Ya casi lo hemos conseguido. — Le insistió.
—Sube a mi espalda. — Le ofreció Yolki. La niña accedió y montó a caballito sobre el agente especial. La pared de la casa de al lado de donde se habían detenido se vino abajo y se apreció la silueta de Vanessa entre el polvo.
—¡Oh, Dios! — Se asustó Perla.
—¡Mierda! — Exclamó Yolki. — ¡Noah, sé que te duele la herida, pero haz el esfuerzo de llevar a Mimí a la espalda! — Le dijo mientras se la daba. Después tomó con agilidad la bolsa de las armas y cogió unas cuantas y se la devolvió a Linda y ésta echó un vistazo dentro al notar que aún contenía algún tipo de arma dentro. — ¡Corred lo más rápido que podáis! 

Noah corrió con la niña cargada sobre él y Linda ayudó a correr a Perla lo más rápido que podía. Los zombis comenzaban a arremolinarse alrededor de los cuatro y de vez en cuando el chico se giraba para comprobar que Yolki les seguía a pesar de estar en plena confrontación contra aquel monstruo. El agente especial no cesaba de disparar a la bestia que apenas se inmutaba y lanzaba continuos ataques contra él.
—¡¡Aaaah!! — Chilló Linda. Noah se giró hacia ella y vio que se había quedado encogida en el suelo mientras un infectado se le echaba encima. Noah apuntó con el rifle militar que encontró en su casa y le voló la cabeza al zombi.
—¿Estás bien? — Preguntó el joven.
No obtuvo respuesta, los tres se quedaron mirándola.
—¿Linda...? — Volvió a insistir el chico.
—Es... Estoy muerta... — Contestó su prima mientras levantaba la cabeza con el rostro cubierto de lágrimas y tocándose el hombro ensangrentado.
—¿¡Qué!? No... ¡No puedes ser! ¡Puta mierda! ¡Con lo cerca que estábamos! ¡Dios! — Perdió los nervios el muchacho. — Perla lleva a Mimí al coche y esperadme allí, corred. Si no hay tiempo y no he llegado arrancad e iros.
—Está bien... — Dijo mientras cojeaba y tomaba la mano de la niña. Se armó con una pistola y con la mirada se despidió de Linda. Noah se quedó en silencio mirando a su prima con lágrimas en sus ojos. Vio que los zombis comenzaban a rodearlos y comenzó a disparar a bocajarro a todos.
—Noah... Para... — Decía Linda en medio de todo aquel alboroto mientras de rodillas sollozaba y se tapaba el mordisco. — Para, por favor... Tienes que irte...  — El muchacho no hacía caso y seguía disparando. — ¡¡Que pares, joder!! ¡¡Para de una puta vez!! — Perdió los nervios. Ante esto su primo cesó de disparar y miró a Linda. Luego volvió la vista hacia donde disparaba y vio que Yolki ya se estaba acercando perseguido por Vanessa. — Déjame en mi casa.
—¿¡Qué!?
—¿No lo entiendes? Voy a morir. Te dije que encerré a toda mi familia en mi casa para que no fuesen dañados ni dañasen a nadie. Quiero estar con ellos, quiero acabar allí.
—No te puedo dejar ahí.
—Noah, no hay cura, ¿vale? Lo siento. Siento no haber sido de las generaciones inmune a este veneno. No lo soy, no hay remedio, no te pido que me mates, te pido que me lleves con los míos. — El muchacho miró de nuevo a los zombis y se giró a ayudar a su prima. Cargó con la bolsa de las armas y la ayudó a caminar. La casa estaba de camino a la salida del pueblo, así que no supondría muchos cambios de planes.  Los zombis les pisaban los talones pero al fin llegaron frente al edificio.
—Está bien, Noah, ya todo va a acabar. Ve y reúnete con Perla y Mimí.
—Ya te he traído hasta aquí, no tienes por qué decirme qué tengo que hacer.
—¿Qué quieres decir?
—Adiós, prima. — Le dijo abrazándola con fuerza. — Siento que haya pasado esto. — Después se apartó de ella y corrió en dirección contraria a la salida del pueblo.

Linda comprendió que iba a ayudar a Yolki a acabar con Vanessa y sacó su pistola, reliquia de su familia, y comenzó a disparar contra los zombis que querían atrapar a su primo para que se acercaran a ella. Su táctica funcionó y comenzaron a aproximarse. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca cruzó la puerta de su casa y la cerró a sus espaldas, entonces disparó dentro de ella para alertar de su presencia a sus familiares infectados. Fue a la cocina y cogió la bombona de butano que aportaba el gas al hogar y se dirigió de nuevo a la entrada de la casa. Vio que todos su familiares ya estaban en el pasillo de la entrada y comenzaron a caminar haca ella. Rebuscó en su bolsillo y sacó una granada que había tomado del saco de las armas mientras se retorcía de dolor cuando fue mordida. Abrió la bombona de butano, quitó la anilla del explosivo y se lo pegó al pecho. La casa y todo lo que había alrededor voló por los aires llevándose consigo a un gran número de muertos vivientes.

*****

 

© Estrada Martínez, J.J., 2014

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