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Tierra muerta: Génesis - Capítulo 9

¡Hola, queridos lectores!

Vuelve Tierra muerta con una trepidante fase final. ¿Qué les ocurrirá a Noah y compañía ahora que han escapado de los zombies? ¿Será peor el remedio que la enfermedad? ¡No os lo perdáis! ¡Un capítulo de infarto!

Sergei estaba en peligro, y no sólo él. El grupo sabía que en esos instantes habían estado vigilados y no sabían cuándo iban a estarlo otra vez o si lo seguían estando en ese preciso momento.
—¿Habéis robado a alguien? — Interrogó Noah.
—Cogimos provisiones de un campamento que había en el bosque. Creíamos que las personas de allí habían huido o muerto. — Contestó su prima.
—Y bien... ¿Qué se le ocurre hacer ahora, "señor líder"? — Interrumpió Celestino con malas formas.
—¡Mire, usted! — Contestó Noah con tono agresivo. — ¡Si tan bien lo va a hacer usted le dejo al mando, maldito viejo!
—Por mí encantado. — Respondió sonriendo.
—¡Todo tuyo! — Finalizó el joven. La tensión que se respiraba en el ambiente no era muy buena, Sergei estaba en manos de a saber quién, Perla había desaparecido, todos estaban amenazados, Marius seguía empeorando y Mimí no aparecía por ningún lado, para colmo ahora Celestino, al que nadie soportaba, estaba al mando de la situación. Todos miraban a Noah como si estuviese loco, no daban crédito a lo que acababa de hacer.
—Y bien... ¿Qué hacemos, Celestino? — Preguntó Linda rompiendo el silencio incómodo.
—En primer lugar dejar de buscar a esa cría. ¿Es que no os dais cuenta de que aparte de estar viva o infectada también puede haber sido devorada completamente por esos monstruos? — En ese momento todos callaron reflexionando sobre la razón que tenían las palabras del anciano y todas sus esperanzas se fueron desvaneciendo poco a poco en un oscuro pozo de que todo lo que habían pasado podría haber sido en vano y que quizás jamás sabrían qué había pasado con aquella niña. — Creo que ahora debemos centrarnos en esto, encontrar a Sergei, darle una lección a esos que le tienen preso y largarnos de este pueblo cuanto antes.
—¿Y Perla? — Interrumpió Dana.
—Puede que haya corrido la misma fatal suerte que la niña. No podemos andar salvando a todo el mundo, si ha conseguido sobrevivir ya sabe dónde estamos.
—Ya, pero, ¿y si cuando tenga la oportunidad de volver nosotros ya no estamos aquí? — Comentó Tony.
—¡Eres un monstruo! — Contestó la joven abalanzándose contra el anciano para agredirle, pero inmediatamente fue frenada por el guardia civil.
—No piense que nos vamos a ir sin Perla. — Finalizó la discusión el joven.
—¿Qué propone entonces? — Regresó Yolki al tema inicial de la conversación para evitar quedarse de brazos cruzados lo menos posible.
—Los que quieran seguir haciendo el tonto que se queden aquí, el resto que me siga al coche. — Dijo mientras se dirigía al maletero de su automóvil. El grupo se dividió en dos, quedando Noah, Dana y Tony separados del resto siguiendo Yolki, Paula y Linda a Celestino.
—Bien, nosotros iremos al campamento a atacar por sorpresa a esos malditos mutiladores, ellos que hagan lo que les dé la gana. En cuanto tengamos al muchacho sano y salvo con nosotros nos marchamos. — Instruyó el anciano mientras repartía objetos que pudieran servir como armas. Por otro lado los otros tres decidían qué hacer.
—Por favor, tenemos que ir a por Perla. — Rogó Dana.
—Iré yo, no te preocupes. — Propuso Tony.
—No, es demasiado peligroso ir uno solo. ¿Qué quieres? Que si te pasa algo sigamos esperando noticias tuyas al igual que con Perla, Mimí y Sergei en medio de una incertidumbre? Bajaré contigo. — Se ofreció Noah.
—No quiero que bajes conmigo, ya has ido esta mañana y tienes un montón de rasguños. Es mejor que descanses.
—De acuerdo, descansaré. Comeré y me lo tomaré con calma y en cuanto esté tú y yo bajaremos a por Perla.
—Si no hay más remedio... — Finalizó Tony. — Dana, tú quédate vigilando a Marius si quieres.
—De eso nada, no me voy a quedar quieta con mi hermana por ahí desaparecida.

*****

—¿¡Qué...!? ¿¡Qué haces con tus padres infectados!? — Preguntó Perla en shock retrocediendo contra la puerta.
—Tranquila... - Intentó calmarla Edurne mientras servía pucheros en los platos. — Están atados a la silla, tienen las manos envueltas en trapos y les he extraído los dientes.
—Pero tú... Tú estás muy mal... — Contestó asustada.
—Puedes llamarme loca, pero cuando se encuentre una cura a todo esto yo tendré a mis padres sanos y salvos.
—¿Sanos? ¿Salvos? ¡A tu madre se le acaba de caer un ojo! ¡Edurne, por favor! ¡Tus padres están muertos, sólo están reanimados! ¡Por Dios, fíjate como huelen! ¡Están putrefactos!
—¡Se acabó! — Interrumpió golpeando la olla contra la mesa. — Yo respeto tus opiniones, respeta las mías. Si te quieres ir, adelante.
—Mira, no soy quién para meterme en tu vida. Tus padres están muertos aunque les veas moverse. Se pudren, no sienten. Voy a intentar regresar al campamento. Si quieres venir ya sabes dónde estamos. — Finalizó. Tras esto se dio la vuelta y abrió la puerta de la calle con sigilo y miró que no hubiese ningún muerto viviente cerca. Tras esto cerró y se dirigió caminando hacia la salida del pueblo para dirigirse al bosque.

*****

Sergei despertó notando palpitar la parte de su cabeza donde tendría que estar su oreja. Se tocó temblando y se echó a llorar. Vio que estaba dentro de una tienda de campaña y gateó hasta la cremallera de ésta para intentar escapar. Observó que no hubiese nadie y salió de ella. El muchacho caminó hacia las afueras del campamento, pero de repente un brazo fuerte lo agarró por detrás rodeándolo por el cuello y el chico lo sujetó intentándose liberar.
—Mire, padre, van Gogh estaba intentando escaparse. Con lo buenos anfitriones que hemos sido... — Dijo Diego.
—¡Bien hecho, hijo! — Lo felicitó Pablo mientras se acercaba junto con Ramiro. — Veamos... Intento de fuga... Esto se merece un castigo, ¿no?
—¡Sí! ¡Dele duro, padre! — Pablo tomó impulso para asestarle un fuerte puñetazo y en un momento de desesperación Sergei se revolvió lo suficientemente fuerte para poderse liberar un poco del brazo de Diego y darle un buen mordisco en el brazo y salir corriendo, siendo el puñetazo de Pablo asestado a su propio hijo. Sergei aprovechó la confusión para correr todo lo rápido que pudiese, no sabía hacia dónde se dirigía, pero corría.
—¡No se preocupe, Pablo! ¡Yo iré detrás de ese hijo de puta! — Exclamó Ramiro tomando una iniciativa.
—¡Maldito niñato! ¡Ramiro! ¡Estate quieto! Lo que hagas será esfuerzo perdido. Debemos ser listos, tenemos que adelantarnos a los movimientos del enemigo. Coge todo el armamento que tengamos y marchemos. — Ordenó mientras ayudaba a reponerse a su hijo.

*****

Dana para despejarse se había ido a una charca cercana a darse un baño mientras Noah y Tony comían y descansaban. Dejó su ropa a la orilla de la pequeña laguna y se metió poco a poco mientras su cuerpo se acostumbraba a la temperatura del líquido elemento. Una vez introdujo su cuerpo hasta el cuello aún seguía sintiendo frío, así que decidió nadar un poco para entrar en calor. Entre nado y nado se paraba pensativa sobre cómo estaría su hermana, qué pasaría con Marius, cómo vería el mundo a partir de ahora, si esto sólo estaba pasando en este pueblo o por más sitios. Cerró los ojos para calmarse mientras escuchaba el sonido de la naturaleza, el aire, el agua... ¡El agua estancada estaba sonando! La joven abrió sus ojos y vio cómo de la charca emergían cuatro infectados y se dirigían lentamente hacia ella.
—¡Mierda! — Exclamó mientras se volteaba hacia sus pertenencias.
Cuando llegó a la orilla cogió su ropa y alzó la mirada hacia donde otros dos muertos vivientes se le estaban abalanzando encima. Corrió unos pasos hacia un lado y agarró su vara. La colocó de manera horizontal y placó contra los seis zombis intentando introducirles en la charca. No podía arrojarlos, entonces retrocedió por un segundo, tomó impulso y aporreó al primero con el bastón en la cabeza acompañado de una patada en el abdomen, provocando la caída de los seis en la orilla. Apresuradamente comenzó a golpearles en la cabeza para acabar con ellos. Una vez acabado el trabajo y cubierta de sangre escuchó un grito en el bosque que le resultaba familiar. Se quedó mirando a su alrededor hasta volver a escuchar otro chillido y saber de dónde había venido para acudir en su ayuda.
—¡¡Socorro!! — ¡Era Sergei! ¡Estaba pidiendo auxilio! Dana se vistió con rapidez, agarró su vara y corrió en la dirección del grito.

Corrió por el bosque hasta que avistó a Sergei tirado en el suelo.
—¡Sergei! ¡Tranquilo! ¡Estoy aquí! — Le comunicó con júbilo por tener al menos una noticia positiva en ese día tan fatal.
—¡Oh! ¡Dana! ¡Gracias a Dios! — Agradeció el muchacho al ver que la chica de la que estaba prendado lo había escuchado y venía en su ayuda.
—¿¡Por Dios!? ¿¡Qué te ha pasado!? — Frenó la chica al sorprenderse por el panorama.
—Unos desalmados me cortaron la oreja y conseguí escapar, pero he caído en esta trampa para osos.
—Oh... Bueno, no te preocupes. Te liberaré la pierna e iremos con los demás. Te vas a poner bien.
—Gracias... — Dijo con una sonrisa tan feliz como pudiese expresar su cara. De repente vio cómo un infectado se situaba detrás de la joven y se abalanzaba sobre ella. — ¡Dana! ¡Cuidado! ¡Detrás de ti!
La chica reaccionó con rapidez y con el bastón le dio un golpe bajo haciendo que éste perdiese el equilibrio y cayera. A continuación comenzó a apalearle la cabeza hasta acabar con él. Finalmente se incorporó y suspiró.
—Dana... Se acabó... — La joven se volteó hacia su amigo y vio cómo otro zombi estaba devorándole la pierna que tenía atrapada.
—¡Joder! — Exclamó mientras le asestaba una patada en la cabeza a aquel monstruo. Como con los otros, comenzó a aporrearlo hasta deshacerse de él.
—Sergei yo... — Dijo desanimada mientras se arrodillaba a su lado.
—Da igual, déjame aquí, está todo acabado. — Respondió asumiendo su destino.
—De eso nada. Yo... Yo te voy a quitar este cepo y te voy a llevar con nosotros y vamos a encontrar una cura, ¿de acuerdo?
—No, Dana... Yo sólo sería un estorbo...
—Me da igual lo que digas, vas a salir de esta.
—Tan tozuda como siempre... — Accedió a ser socorrido mientras le acariciaba el pelo. Dana con ayuda de su bastón haciendo palanca logró sacar la pierna de su amigo y lo ayudó a ponerse en pie y anduvieron juntos hacia el campamento con Sergei apoyado en la chica para ser ayudado a caminar.

*****

El grupo de Celestino, Yolki, Linda y Paula, tras un rato de caminata por el bosque por fin avistó las tiendas de campaña de la persona que les envió tan grotesco mensaje.
—Yolki y Paula, adelantaos por los flancos con mucha precaución y vigilando cada tronco del bosque, Linda y yo os cubriremos y nos acercaremos desde aquí.
—De acuerdo. — Contestó la mujer. Los cuatro iniciaron las instrucciones mandadas por Celestino y con mucho precaución, evitando pisar ramas u hojas secas, se fueron aproximando cada vez más y más al campamento. Cuando estuvieron dentro del perímetro abrieron las tiendas de campaña con sigilo y apuntando con las armas por si había algún enemigo dentro dispuesto a acabar con ellos. Allí no encontraron nada ni a nadie. Estaba incluso con un aspecto más abandonado que la primera vez.
—¿A dónde creéis que han ido? ¿Nos estarán vigilando? — Preguntó Paula.
—No tengo ni idea. — Contestó Yolki.
—Igual han ido al pozo a esperarnos allí hasta la tarde. — Supuso Linda.
—Vayamos al pozo entonces. — Propuso la mujer.

Fue entonces cuando se escucharon una serie de disparos que interrumpieron la calma que reinaba en el bosque.

*****

—¿Crees que Perla estará bien? — Le preguntó Tony a Noah.
—Tony... Ya nos ha contado lo que ha pasado entre vosotros y... Sé lo que quieres escuchar, pero si te soy sincero Perla es una chica que se sabe cuidar pero en esta situación debemos contar con que cualquier cosa le ha podido pasar.
—Sí... Tienes razón... Mejor será que me mentalice un poco para prepararme para lo peor.
—Te diría que tampoco te lo tomes así, pero ahora mismo tengo una visión muy pesimista de todo. — Confesó Noah mientras tomaba un bocado de un bocadillo.
—¡Quieto todo el mundo! — Sorprendió Pablo saliendo de entre los árboles. Noah y Tony dejaron su comida y se levantaron apresuradamente.
—¿¡Quién eres tú!? — Quiso saber Tony.
—¿Yo? — Cuestionó con una sonrisa dibujada en la cara. — Yo soy el que os ha mandado ese mensaje tan bonito de antes, y estos son Diego, mi hijo, y Ramiro, un amigo.
—¿¡Qué has hecho con Sergei!? ¿¡Dónde está!? — Exigió saber Noah.
—Eso también me gustaría saber a mí. Escapó y se perdió por el bosque lo más probable. Ese inútil no llegará muy lejos. Y ahora... — Pablo subió su mano y señalo a Noah y a Tony. — Muchachos, disparen. Al escuchar esta orden ambos corrieron y se refugiaron detrás de los coches para cubrirse de las balas lográndolas esquivar.
—¡Vaya! Así que tenemos dos ratitas asustadizas... Hijo... — el cazador se aproximó cerca del oído de Diego y le susurró nuevas instrucciones. — Ve con sigilo e introdúcete en uno de los coches, nosotros iremos por los lados. Mátalos desde la  ventanilla.
—¿Qué hacemos? — Le preguntó Noah a Tony.
—Yo sólo tengo una pistola, ¿tú tienes algún arma de fuego?
—No... Se las cedí a los que fueron a su campamento...
—Entonces siendo dos con una pistola contra tres con escopetas... Sólo se me ocurre rezar. — Diego alcanzó la puerta del coche y la abrió y de repente una piedra impactó en su cabeza.
—¿¡Qué diantres!? ¿¡Quién ha lanzado eso a mi hijo!?
—¡He sido yo!
    Todos miraron hacia la dirección de donde provenía la voz y vieron que había sido Sergei, el cual venía apoyado en Dana.
—¡Chicos! ¡Largaos de aquí! ¡Esto se está poniendo muy feo! — Les alertó Tony.
—¡Vais a morir, pedazo de cabrones! — Exclamó con apuntando a Sergei y Dana con ansias de disparar.
—¡Pablo, tu hijo! — La voz alarmante de Ramiro hizo que el cazador se girase hacia donde estaba Diego inconsciente por la pedrada. Vio que estaba siendo devorado por el cuello por un ya infectado y reanimado Marius.
—¡¡¡No!!! — Se lamentó este apuntando a la cabeza del zombi y disparándole para acabar con él. — ¡¡Malditos!! ¡¡Lo vais a pagar caro!! — Dijo furioso mientras se dirigía hacia Dana y Sergei. Empujó al chico al suelo y cogió del cuello a Dana levantándola del suelo y llevándola de nuevo a la posición donde se encontraba.
—¡Dana! ¡No! — Exclamó el muchacho.
—¡Suéltame, maldito bastardo!
    A continuación, Pablo la tiró violentamente contra el suelo y le pisó la espalda apuntándola a la cabeza.
—Ojo por ojo... Diente por diente... O vives y matas o mueres y matas...

El disparo dejó a todos los allí presentes paralizados, incrédulos a los acontecimientos, conmocionados y conmovidos. Aquel estallido de arma de fuego dejó tras de sí un silencio ensordecedor.

 

© Estrada Martínez, J.J., 2014

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