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¡Ganas experiencia! ¡Nivel de escritor +1!

¡Hola, amigos!

Hoy quiero compartir con vosotros una opinión o reflexión sobre un tema que ha estado muy de moda criticar en los medios generales en algunas ocasiones, pero que yo pienso que se trata de algo muy relacionado con la literatura, en especial con las novelas, y que puede servir de ayuda para que un autor mejore. Estoy hablando, como muchos habréis adivinado ya, de los juegos de rol.

Seguro que todos habéis oído hablar de este tipo de juegos, ya sea por películas en las que un asesino en serie acaba matando a los participantes o por los desgraciados sucesos que han podido acaecer en nuestro país, como es el del “asesino de la katana”. Sin embargo, mucha gente no comprende qué son o si realmente son peligrosos. En esta entrada pretendo esclarecer un poco el asunto y, además, dar a conocer las bondades que puede tener su práctica a la hora de escribir.

Un juego de rol puro no es, ni más ni menos, que aquel en que cada jugador realiza la interpretación de un personaje. Podemos por tanto, compararlo a una obra de teatro o a los juegos de la infancia, como las familias, policías y ladrones, etc… Se asemeja más a estos últimos debido a que no se sigue un guión previamente redactado, sino que los jugadores desarrollan la historia en función de las acciones que vayan tomando. Suele haber un director de juego, narrador o master, que se encarga de interpretar a personajes secundarios, necesarios para la historia, describir las situaciones en las que se encuentran los jugadores, etc… Además, normalmente se adopta algún sistema de decisión basado en tiradas de dados, para determinar si ciertas acciones tienen éxito o no.

Entonces, ¿qué es lo que vemos en las películas? Se trata de la modalidad de rol en vivo. En ella, en lugar de reunirse los jugadores en torno a una mesa, se mueven por una cierta área interpretando con mayor fidelidad a sus personajes. Dentro de ésta también hay un subgénero que es el del rol diario. Éste consiste en practicar el juego con gente del entorno en todo momento, obviamente sin llamar mucho la atención. Uno puede acercarse por detrás durante el trabajo a otro jugador y, por ejemplo, susurrarle al oído: “Te clavo un puñal por la espalda”. Sólo ellos saben que están jugando y no interfieren con las actividades cotidianas.

¿Y por qué la gente se vuelve loca con esto? Pues la respuesta es bastante obvia: no lo hace. El hecho de practicar el rol no implica ningún problema mental, sino una forma sana de desarrollar la imaginación y la expresividad. Si atendemos a las estadísticas, veremos que hay muchos más asesinos que no han jugado a rol en su vida que los que sí lo han hecho (en una proporción bastante desorbitada). ¿Por qué se le da más atención en los medios? Simplemente porque cargarse a una familia con una katana y disfrazado, llama más la atención que si lo haces con una escopeta y un pasamontañas. Pero recurriendo a la falacia, podríamos decir que, estadísticamente, es más probable que asesine un forofo futbolístico que un jugador de rol. Claro que las aficiones de cada uno no tienen que ver. Quien tiene problemas mentales, los tiene de siempre.

De hecho, hay estudios científicos que, además de certificar las bondades que estos juegos tienen para el desarrollo de la imaginación y la expresividad, apoyan su uso terapéutico para trastornos de tipo autista o similares. ¿El motivo? Estos juegos suelen basarse en la colaboración con el resto de los participantes para alcanzar una meta, de forma que se favorece la socialización de los afectados. Es una diferencia fundamental con otro tipo de juegos, donde normalmente se busca que uno de los jugadores gane.

Una vez desmitificada la influencia mental negativa que se les presupone, quiero dedicar unas líneas a analizar por qué pueden ayudar a una persona a desarrollar sus habilidades narrativas. Lo primero y más obvio, es que, al menos en la modalidad tradicional, los jugadores y el director deben narrar constantemente todo lo que ocurre, de forma que se obtiene por un lado más vocabulario y por otro mayor facilidad para elaborar oraciones complejas. Pero también hay un segundo factor que puede pasar más desapercibido, pero que es lo fundamental. En todo momento, cada participante está interpretando el papel de un personaje. Esto implica comportarse como tal, aunque la personalidad sea completamente opuesta. Esto ayuda a profundizar en el carácter y los pensamientos de los personajes, adquiriendo con el tiempo la habilidad de crear cada vez sujetos más complejos y con mayor número de matices. Creo que todos podemos saber más o menos lo apasionante que resulta descubrir los intrincados rincones de la mente de un personaje, incluso cuando éste mantiene una fachada que no corresponde a sus intenciones reales.

Y hasta aquí este análisis sobre los juegos de rol. Aconsejo que cualquiera que esté empezando a escribir pruebe al menos una vez la experiencia, ya que es enriquecedora. Por supuesto, también lo es para aquellos que no lo hacen, en esto no hay ninguna ley que lo prohíba. Sin duda, una forma relativamente barata y versátil de divertirse. ¡Recordad dejar vuestros comentarios!

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