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Un día de penas - #Reto4Mindundis

¡Hola, queridos lectores!

Hoy os traigo mi fan fiction para el #Reto4Mindundis de El repertorio de Marillion, que concluyó ayer. Esta vez, el relato debía basarse en uno de los personajes secundarios de Canción de Hielo y Fuego. Escogí a Edd el Penas porque me resulta desternillante, siempre con su pesimismo irónico. ¡Espero que os guste!

Un día de penas

Hola, amigo. Me llamo Eddison Tollett, aunque todos me llaman Edd el Penas o, simplemente, Edd. Discúlpame por perturbar tu descanso, pero soy incapaz de mantener la boca cerrada en este momento. Creo que escuchar mi voz es lo único que me mantiene cuerdo después de todo lo que ha ocurrido desde que abandonamos la seguridad del Muro.

Probablemente, serás incapaz de oírme, ahí tendido, con los ojos picoteados por los cuervos y parte de las vísceras aflorando del vientre, heladas por este maldito frío; espero que así sea, porque si no, estos calzones de lana negra se van a humedecer bastante, cosa que podría hacer que se me congelara el miembro. Aunque, con la suerte que tengo, no me extrañaría. La única forma que hay para distinguirte es ese brillo azul en los ojos que parecen mostrar todos los espectros, pero tú ya no los tienes, así que… Me pregunto si me verías cuando te alzases entre los muertos; no lo creo, pero seguro que oirías el castañeteo de mis dientes y el hedor que emanaría de mi ropa interior.

Por tu aspecto, no hay duda de que eras un salvaje. Siento estar allanando tu morada en este momento, pero no teníamos otro lugar donde refugiarnos. Normalmente, nos habríamos lanzado cuchilladas el uno al otro nada más vernos, de modo que agradezco la hospitalidad que me brinda tu desgracia. Puede que no tarde en seguirte; puede que te pongas en pie mientras te doy la espalda y me asesines tú mismo; pero, por ahora, estoy a salvo, o eso quisiera creer. Nunca se está a salvo más allá del Muro, y menos desde que los cadáveres caminan sobre la nieve.

¿Qué hago aquí? Bueno, es una larga y penosa historia; no creo que tengas ganas de escucharla. Pero, dado que no te niegas a ello y te mantienes inmóvil, sin intentar huir de mi oratoria, te lo contaré. Sólo espera un momento, que tengo que echar otro leño a la hoguera antes de que se apague. No me gustaría que mis labios quedaran sellados por el hielo a mitad de la narración.

Bueno, ya está. Nunca pensé que la nieve pudiera ser tan cálida, pero después de haber sentido como el frío de la muerte, de los caminantes blancos, calaba mis huesos… hasta esto se agradece. Por lo menos, el frío me dormirá el culo y no tendré que seguir aguantando el dolor de esa dichosa herida. ¡Ah! ¡No! No me han alcanzado con una espada, ni un hacha, ni una lanza; simplemente, tropecé al escapar del Puño de los Primeros Hombres y caí sobre una piedra puntiaguda, para variar.

En fin, como te decía, vinimos hasta aquí, y más allá, para saber lo que estaba ocurriendo. Los exploradores hallaban vuestros poblados vacíos y no entendíamos el motivo, pues no había rastros de lucha. Pensábamos que Mance Rayder estaba tramando algo. El “Viejo Oso” decidió venir para verlo con sus propios ojos y poder adelantarnos a sus planes. Llegamos hasta el Puño de los Primeros Hombres sin encontrar un alma, exceptuando a Craster y sus esposas; o hijas, según cómo lo veas. La expedición de la torre Sombría, capitaneada por Qhorin Mediamano, se reunió con nosotros allí. Se decidió aguardar mientras pequeños grupos se adelantaban para traer nuevas.

Quizás hayas oído hablar de los Stark de Invernalia. ¡Claro! ¿Quién no? El bastardo de Lord Stark, Jon Nieve, era el mayordomo personal de Mormont. No obstante, Qhorin se lo llevó con él a la vanguardia y me tocó a mí servir las necesidades de nuestro Lord Comandante; siempre me tocan las peores tareas. ¿Cómo iba a ser un buen escudero si ni siquiera soy capaz de protegerme de las penurias a mí mismo?

El caso es que él no regresó; o al menos, cuando nosotros nos fuimos, aún no había vuelto. Una noche, el cuerno sonó una… dos… y tres veces. Recuerdo el alboroto que se montó y los rostros descompuestos de mis hermanos. No sé a qué venía tanto dramatismo. Yo tenía claro desde el principio que no iba a regresar al Castillo Negro. Si un ataque de miles de los vuestros ya era malo, lo que se nos echó encima fue nefasto. Una horda de espectros imparables que avanzaban aún heridos de muerte… No sé si considerarme afortunado por haber podido ver algo así, pero no lo hice en ese momento; al contrario: seguro que si no hubiera tomado parte en la expedición, no habría ocurrido nada de eso. Pero ya estoy acostumbrado. Cogí mi arco, mi carcaj y mi espada, obedecí las órdenes y, como todos, corrí cuando tocó hacerlo.

Como ratas perseguidas por un felino depredador, recorrimos lo andado rodeados de un círculo de antorchas. Eso es lo único que parece mantenerlos a raya: el fuego. Comprenderás que no sólo mantengo viva la hoguera por este condenado frío… No sé cuánto tiempo pasó, pero se hizo una eternidad. Al final, los supervivientes conseguimos llegar al Torreón de Craster, aunque muchos estaban más como tú que como yo.

Estoy convencido de que a muchos les pilló por sorpresa, pero yo sé desde hace mucho tiempo que las desgracias nunca vienen solas. La tensión era palpable en el ambiente y, un día, hubo un motín. Murieron ese cretino de Craster, Lord Mormont y… bueno, varios más. Fue un baño de sangre. Las pobres esposas… hijas… de nuestro anfitrión no salieron muy bien paradas. Creo que las violaron repetidamente antes de quitarles la vida, aunque no me quedé para verlo. Me largué de allí con mis compañeros antes de que mi cabeza rodara también por el suelo. No te ofendas, pero estoy más cómodo con mi posición actual que con la que tú tienes.

Ya lo ves, estás ante alguien famoso. Pasaré a la historia de la Guardia de la Noche como el escudero que dejó morir a su Lord Comandante sin hacer nada por evitarlo. No me malinterpretes; no soy un cobarde. De hecho, no me hubiera importado dar mi vida por la suya. Era un buen hombre y, total, la desgracia me acecha en cada esquina. Todo ocurrió demasiado rápido y no pude evitarlo. Pero eso no les bastará; la historia es cruel con aquellos que no la escriben…

Así que aquí estoy, esperando a que Grenn, Gigante y los otros vuelvan. Han ido a ver si había más supervivientes que vaguen perdidos por el bosque. A mí, como de costumbre, me ha tocado quedarme solo para vigilar el fuego y hacerte compañía. Si después de todo lo que te he contado, aún no te has erguido para estrangularme con las manos desnudas, creo que podré quitarte la vista de encima con cierta tranquilidad. Tendría que salir fuera para orinar, pero seguro que alguno de esos espectros anda rondando por ahí fuera. Tendré que aguantarme y esperar a que regresen; si es que lo hacen… No sería raro que me quedase solo en este infierno de nieve y muerte. Preferiría sufrir una muerte rápida e indolora, pero seguro que padezco durante días hambre, sed, frío y ganas de suicidarme que no podré saciar porque los dedos se me habrán congelado; siempre me toca a mí…

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