Ir al contenido principal

Disculpas y explicaciones

¡Hola a todos!

Sí, sé que la ausencia ha sido larga y tengo una mala noticia: va a serlo más aún. Pero, ¡esperad! ¡No me matéis aún! Hay una buena razón para esta falta de productividad, me temo. Como siempre, puedo achacarlo a falta de inspiración y ganas, pero también es verdad que estudiar y trabajar a la vez, quita mucho tiempo y es agotador mentalmente.

Eso respecto al pasado. Y ahora, ¿por qué va a seguir siendo así? Pues en primer lugar, porque mi situación laboral-estudiantil no va a cambiar mucho hasta el verano. Pero sí que he recuperado la inspiración y las ganas, y a partir de ahora, voy a tratar de sacar huecos de donde sea para poder centrarme en dos proyectos:

El primero es la publicación de Mundo sin muerte. Como sabéis quienes me seguís habitualmente, ya terminé de escribirlo y ahora está en proceso de corrección y revisión. El mayor problema al que me enfrento es, precisamente, el tiempo que me ha llevado escribirlo. Hay tanta diferencia entre mi manera de escribir al inicio y al final, que hasta me da vergüenza leerlo ahora. Intento subsanar las cosas más gordas, pero tampoco quiero reescribirlo todo y perder aún más tiempo, así que, bueno, sed clementes para cuando lo publique.

El segundo proyecto es crear un trasfondo estable para El último campo. ¿Por qué digo estable? Porque tal como lo estaba haciendo hasta ahora, iba poniendo acontecimientos, personajes y lugares según se me iba ocurriendo. Pero como veo que esto puede ser una gran historia y requiere de consistencia y coherencia, creo que es mejor que tenga claro yo mismo lo que ha pasado previamente, qué regiones hay, cómo son sus habitantes y todo eso, antes de seguir escribiendo más y poder caer en contradicciones. Así que, sí, estoy escribiendo una especie de chuleta para mí mismo, al modo de Tolkien con el Silmarilion, aunque, por supuesto, no a esa escala. Sólo dejo esbozos de lo que se me ocurre.

Por otra parte, estaba pensando en cambiar el sistema de publicación de El último campo. En lugar de publicar un capítulo cada mes, ¿qué os parecería si publico saga por saga, cuando tenga todos los capítulos que las componen? Serían una especie de minilibros. No sé si este sistema os gusta más o menos. Creo que no es tan bueno para mí, ya que no causa la misma expectación que estar deseando que salga el siguiente capítulo para ver cómo continúa la historia, pero me parece mejor para vosotros, ya que es más liviano, en mi opinión, centrarse en leer una cosa grande cada cierto tiempo, que leer varias pequeñitas cada menos. Pero bueno, tendré muy en cuenta vuestra opinión para esto.

Pues nada más que decir. ¡Gracias por seguirme y, sobre todo, por leerme! ¡Suerte!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hola, me llamo Javier y soy abstinente

Hola, me llamo Javier, tengo veintinueve años y soy abstinente. Desde que tengo derecho al voto, he vivido tres elecciones generales; cuatro si contamos la repetición de las últimas. En las primeras, 2008, voté a ZP. No parecía que lo hiciera mal. Luego decidí abstenerme como muchos que no veíamos una opción buena. El hartazgo cristalizó en el 15M, nuevas formaciones y soplos de aire fresco para la política. Me decanté por votar a C’s y me sentí defraudado cuando hubo que repetir. ME planteé de verdad no regresar a las urnas, pero al final decidí hacerlo. Hoy, en 2019, vuelvo a la abstención.

El espacio que ocupa el braille

¡Hola! Después de un montón de tiempo, os dejo por aquí algo nuevo que llevaros al sillón de lectura. En esta ocasión, es un relato que presenté al concurso europeo de redacción sobre el braille. El formato era libre y, como no podía ser de otra forma, yo me decanté por la narrativa. Es un pequeño cuento que he escrito con mucho cariño. Espero que os guste. El espacio que ocupa el braille Cierro la última caja sin decidir todavía cuál será su destino y la apilo junto a las otras. La pared está cubierta por ellas. La habitación rezuma el aroma relajante de los libros nuevos. He cuidado muy bien todas esas hojas llenas de puntos, como todo lo que tengo. Las miro, quieta como un clavo. Una lágrima se me escurre por la mejilla. —¿Has terminado? —Casi. Mi chico me da un apretón cariñoso en el hombro. Sonrío. Se va. Pronto viviremos juntos. El estómago se me encoge de las ganas. Llevamos esperándolo mucho tiempo. Lo que aún no tengo claro es si ellos vendrán conmigo. Ocupan demasiado. Hemos

El voto

Un voto…. ¡Un miserable voto…! Me dolía la mandíbula de tanto apretarla. Llevábamos meses negociando la reforma. Un golpe de mano magistral en la última semana para sacarla adelante. Y, de repente, ¡todo se había ido a la…! ¡Prrfff…! Plonk. ¡Ay, al fin! Me acaricié el vientre con alivio. Siempre me pasaba. Cuando llevaba mucho estrés en los pantalones el culo se me cerraba como si me lo hubieran sellado con silicona. Se quedaba ahí, ni para adelante, ni para atrás. Tener que hacerlo en los baños del congreso tampoco ayudaba, sobre todo sabiendo que un escolta uniformado con gafas de sol me esperaba al otro lado de la puerta del cubículo con una cara de póker bien ensayada. En fin. Tendría que encargarle una dosis extra de bífidus diaria al cocinero. Esto de la geometría variable amenazaba con estrangularme el intestino. Miré el reloj. ¡Las 10:23! La sesión estaba a punto de empezar. Me limpié el culo a toda prisa y me subí los pantalones. Para cuando abrí la puerta, ya había recuperado