Ir al contenido principal

Aprende a escribir narrativa I: Introducción

Cuando me apunté a las clases de escritura creativa de La Posada de Hojalata, me preguntaba si me serían útiles o no. Ya sabéis. En esto del arte se estila el talento y la genialidad. Son dos cosas con las que se nace y que no se pueden enseñar. Entonces, ¿de qué me iban a servir unas cuantas lecciones? Yo ya sabía escribir. Pones una palabra detrás de otra, formas oraciones, párrafos y capítulos, y cuentas una historia. ¡Cuán equivocado estaba!

David Vicente Valentín ha sido un profesor excepcional durante estos tres meses. No tenéis más que comparar la calidad de mis relatos anteriores con los actuales. Están bastante más pulidos. Él siempre me dice que yo ya sabía bastante antes de conocernos, pero no quiero restarle mérito. Soy una persona que aprende muy rápido, sobre todo si me transmiten los conceptos de forma clara. Le doy mucho valor a la manera que tiene de explicarnos los entresijos de la narrativa. No soy el único de sus alumnos que demuestra una evolución.

Vale, he aprendido a escribir mejor. Pero, ¿cómo es posible? ¿Cualquiera puede hacerlo? Bueno, como todo en esta vida, hay una parte que se debe al talento y otra que se debe al trabajo. Escribir de forma constante es imprescindible. Ayuda a tener la mente engrasada. Pero también es necesario leer; leer mucho y bien. Igual que las máquinas aprenden a reconocer formas meidante el escaneo de millones de fotografías, nosotros aprendemos a escribir de los autores que absorbemos a través de los libros.

¿Cuál es el papel de una escuela de escritura o un manual? Pues no es que haya una respuesta clara. Para mí, son atajos hacia la comprensión de los conceptos y del análisis de los textos. De la misma forma que en las escuelas se nos enseña a contar, sumar, restar y multiplicar, en una escuela de escritura se nos detallan todas las herramientas que tenemos a nuestra disposición. No solo eso. También se nos enseña la manera adecuada de utilizarlas. Una vez asimiladas estas herramientas, podemos aplicarlas en nuestra escritura o reconocerlas en la de otros. Ahora no hago más que pensar en cómo lo habría hecho yo para mejorar el resultado cuando leo un libro o valorar la idoneidad de los recursos utilizados. En mi opinión, esto ayuda a que el volumen de lecturas no deba ser tan elevado para alcanzar el mismo nivel de maduración como escritor.

Con todo esto, no esperes pasar de ser un autor decente. Como decía antes, en esto de escribir también hay una componente de talento que no se puede aprender. A veces las frases o los párrafos tienen que ser de una cierta forma por pura intuición, por instinto. Cada autor tiene el suyo y ni siquiera podrás imitarlo.

Por supuesto, el éxito también reside en la suerte. El que lo niegue es un necio. Pero la mala fortuna no puede ser la excusa para evitar la autocrítica. Lo primero que se debe de hacer en todo proceso de aprendizaje es desprenderse del orgullo y asumir que no sabemos nada, que hay gente que comprende mejor la materia que nosotros. Con todo, siempre habrá discordancias con la persona que nos enseñe. Está en nuestra mano discernir cuándo estos consejos son útiles y cuándo se trata de una diferencia de criterios no técnica.

Si no tienes la posibilidad de asistir a una escuela, te recomiendo la lectura de dos manuales. Aunque ambos se solapan en algunos puntos, creo que la aportación es diferente. Cada autor explica con su propio estilo y creo que de la mezcla se desprende una visión más amplia del tema.
El arte de escribir, de David Vicente Valentín
Mientras escribo, de Stephen King

Has llegado hasta aquí. Seguro que te estás preguntando por qué debes hacer caso a alguien que no es nadie. No tienes por qué hacerlo. Eso es decisión tuya. Ahí arriba tienes dos manuales de gente mucho más competente que yo. No obstante, creo que también puedo aportar algo a lo que estos autores nos cuentan. Si no, no habría empezado esta serie de entradas.

En la próxima entrega hablaremos de la lectura y la escritura en un sentido general. Creo que es lo primero que se debe abordar antes de intentar explicar cualquier otra cosa. Por supuesto, podéis dejar vuestras aportaciones en los comentarios. ¡Nos vemos!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hola, me llamo Javier y soy abstinente

Hola, me llamo Javier, tengo veintinueve años y soy abstinente. Desde que tengo derecho al voto, he vivido tres elecciones generales; cuatro si contamos la repetición de las últimas. En las primeras, 2008, voté a ZP. No parecía que lo hiciera mal. Luego decidí abstenerme como muchos que no veíamos una opción buena. El hartazgo cristalizó en el 15M, nuevas formaciones y soplos de aire fresco para la política. Me decanté por votar a C’s y me sentí defraudado cuando hubo que repetir. ME planteé de verdad no regresar a las urnas, pero al final decidí hacerlo. Hoy, en 2019, vuelvo a la abstención.

El espacio que ocupa el braille

¡Hola! Después de un montón de tiempo, os dejo por aquí algo nuevo que llevaros al sillón de lectura. En esta ocasión, es un relato que presenté al concurso europeo de redacción sobre el braille. El formato era libre y, como no podía ser de otra forma, yo me decanté por la narrativa. Es un pequeño cuento que he escrito con mucho cariño. Espero que os guste. El espacio que ocupa el braille Cierro la última caja sin decidir todavía cuál será su destino y la apilo junto a las otras. La pared está cubierta por ellas. La habitación rezuma el aroma relajante de los libros nuevos. He cuidado muy bien todas esas hojas llenas de puntos, como todo lo que tengo. Las miro, quieta como un clavo. Una lágrima se me escurre por la mejilla. —¿Has terminado? —Casi. Mi chico me da un apretón cariñoso en el hombro. Sonrío. Se va. Pronto viviremos juntos. El estómago se me encoge de las ganas. Llevamos esperándolo mucho tiempo. Lo que aún no tengo claro es si ellos vendrán conmigo. Ocupan demasiado. Hemos

El voto

Un voto…. ¡Un miserable voto…! Me dolía la mandíbula de tanto apretarla. Llevábamos meses negociando la reforma. Un golpe de mano magistral en la última semana para sacarla adelante. Y, de repente, ¡todo se había ido a la…! ¡Prrfff…! Plonk. ¡Ay, al fin! Me acaricié el vientre con alivio. Siempre me pasaba. Cuando llevaba mucho estrés en los pantalones el culo se me cerraba como si me lo hubieran sellado con silicona. Se quedaba ahí, ni para adelante, ni para atrás. Tener que hacerlo en los baños del congreso tampoco ayudaba, sobre todo sabiendo que un escolta uniformado con gafas de sol me esperaba al otro lado de la puerta del cubículo con una cara de póker bien ensayada. En fin. Tendría que encargarle una dosis extra de bífidus diaria al cocinero. Esto de la geometría variable amenazaba con estrangularme el intestino. Miré el reloj. ¡Las 10:23! La sesión estaba a punto de empezar. Me limpié el culo a toda prisa y me subí los pantalones. Para cuando abrí la puerta, ya había recuperado