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Aprende a escribir narrativa VI: El lenguaje poético

Ya vimos en la entrada dedicada a las descripciones que explicar las cosas no siempre es fácil ni efectivo. Tendemos a sentirnos cómodos soltando una serie de características obvias y dejamos de transmitir la impresión que nos causan. Hablamos de cómmo conseguir un efecto mejor que, precisamente, corresponde al lenguaje poético. Pero, ¿qué es? ¿Cómo se puede utilizar y aprender? ¿Hay alguna norma?

En primer lugar, hay que decir que el lenguaje poético se puede aplicar en todo el texto, no solo a las descripciones. En vez de decir que alguien está triste, podemos decir que su mundo es gris después de algún suceso. Vale, este uso no es muy bueno. Es bastante tópico. Pero creo que es fácil captar la idea, ¿verdad?

Los tópicos son otra cosa que debemos evitar. El lenguaje poético tiene que ser nuestro, no impostado. Si nos limitamos a repetir lo mismo que hemos leído en veinte sitios distintos, no solo no estaremos siendo originales, sino que estaremos cayendo en un tópico. ¿A cuántos no le han revoloteado mariposas en el estómago? Incluso se puede considerar que frases como esta han dejado de ser lenguaje poético de tan manidas. Han pasado a ser expresiones comunes.

Por cierto, el lenguaje poético tampoco es usar palabras raras o rimar como si esto fueran versos. La rima solo puede contribuir a que nuestra obra se haga pesada de leer y parezca sacada de algún teatrillo de poca monta. Las palabras raras solo tienen sentido si sabemos lo que significan, son pertinentes y, además, no van a hacer que el lector tenga que consultar el diccionario cada dos líneas. Si no, lo único que haremos será parecer unos pedantes pomposos.

El lenguaje poético no tiene por qué ser bonito. De hecho, habrá situaciones o sentimientos que queramos describir y no sean agradables. Lo peor que podemos hacer es cubrirlas con una pátina de aderezo. Seamos crudos; seamos despiadados; pero transmitamos también lo que queremos decir. Como ejemplo:

"La habitación olía a rayos. no podía respirar debido al hedor."

Sí, vale. Estamos diciéndole al lector que el aroma no era muy agradable. Sin embargo, ¿alguien puede hacerse una idea de lo mal que olía realmente? vamos a mejorarlo un poco...

"Entrar en la habitación fue como meter la nariz en el culo de una vaca. Quería sacarla de allí, pero sabía que debía de ahondar a mi pesar."

Desagradable, ¿no? Una imagen mucho más nítida que la anterior. Creo que no conozco a nadie que quiera sufrir ese castigo; afortunadamente. Es por eso que podemos arrancar ese sentimiento de asco del lector. Inccluso podemos sacarle una sonrisa según queramos. Es la magia del lenguaje poético: nos permite describir con otras palabras lo que no podríamos expresar con las habituales.

Bien, ahora consejos sobre el uso. ¿Cuándo debéis usarlo? ¿Cuándo debéis absteneros? Bueno, esto es casi una cuestión de intuición, aunque hay unas pautas que podemos tener en cuenta.

Debemos usarlo siempre que podamos; y sepamos. El lenguaje poético añade calidad a la obra siempre que se presente. Pero cuidado con los símiles o las metáforas fallidas. Bien porque sean tópicos o porque no capten bien lo que se pretende decir, podemos convertir nuestra obra en un campo de minas insalvable para el lector.

Evitad símiles o metáforas muy concretas. Nosotros podemos ser muy fans de cualquier tipo de obra, pero el lector no tiene por qué compartirlo. Cuando leo relatos y fan fics por internet, suelo encontrar referencias a otras historias que, si uno las conoce, parecen grandes ocurrencias. Paraos a pensar en lo que sucede si la otra persona no tiene la más mínima idea de lo que le estáis hablando, por muy "mainstream" que podáis considerarlo. Del mismo modo, que a vosotros pueda no gustaros una comida no significa que a los lectores tampoco.

Evitad "la metáfora perfecta". Si vuestro texto sigue una línea humilde en cuanto al lenguaje poético, no queráis introducir de repente la metáfora definitiva y parecer una eminencia. Chirriará como una tiza contra la pizarra en la cabeza del lector. Será una nota discordante en la melodía que distraerá su atención más de lo que queremos. Por supuesto que podemos tener altibajos a lo largo del relato, pero evitad que las cosas destaquen como una montaña en medio de una llanura.

No cambiéis constantemente el dominio de las metáforas. Si estáis hablando de trenes, hablad de trenes; si habláis de aviones, hablad de aviones; pero no saltéis de montañas a perros porque, por muy bien elegido que esté el símil, haremos que el lector pegue bandazos sin ton ni son. Se sentirá como si acabase de bajar de la montaña rusa y se preguntará si de verdad ha entendido algo de lo que ha pasado.

Por último, no pateéis la metáfora hasta reventarla. Este es un consejo que me dio David Vicente cuando leyó un texto que le presenté. Había encontrado una buena metáfora y traté de exprimirla al máximo. El resultado fue que se hacía cansina. Un poco de lenguaje poético es la pizca de especia que le da sabor a la comida; el exceso es el motivo que nos hace tirarla a la basura.

En la próxima entrada hablaremos de los personajes, uno de los temas centrales a la hora de desarrollar una buena historia.

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