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Cómo escribir una novela y no perder la mano en el intento

En las últimas semanas, me han parecido años, he tenido que apañármelas sin mi teclado de cabecera. Antes utilizaba el propio teclado de mi ordenador portátil, y la verdad es que no me iba mal. Contra todo pronóstico, no es de los peores. Sin embargo, después de haber pasado año y medio con un teclado hergonómico y haber llegado a probar uno mecánico, la experiencia de volver a la membrana cutre me ha parecido una travesía por el desierto.

Por eso he decidido escribir esta entrada. Os hablaré de lo que nadie cuenta en los tutoriales y cursos de escritura creativa y que, a todas luces, es la parte más importante: cómo escribir una novela y no perder la mano en el intento. Aunque nos acercaríamos un poco más a Cervantes, la idea ees aproximarnos en otros ámbitos, no en este.




Era una calurosa tarde de verano en la antigua Grecia cuando alguien inventó la máquina de escribir. ¡Menudo invento! Ya no hacía falta entenderle la letra a los médicos, aunque, por desgracia, no terminaron de aceptarla. Aun así, se sentaron las bases para los teclados modernos. Tres filas de letras, una de números, varias teclas modificadoras y una barra espaciadora.

Por desgracia, a algún lumbreras se le ocurrió que la mejor forma de trasladarlo a la informática era incrustarlas en una tabla. Recta. Dura. Inhumana. Solo pensad en la postura que adoptan vuestros brazos de forma natural. Las palmas de las manos están mirando hacia dentro; las muñecas relajadas; el antebrazo en una posición cómoda. Probad a ponerlas ahora sobre un teclado común. Descubriréis por qué os duele todo el cuerpo después de estar un par de horas usándolo.

Entonces llegamos al siglo XXI y la gente empezó a preocuparse por el diseño de estas tablas de planchar. Surgieron diseños hergonómicos, de teclado partido y curvo, con teclas de diferentes tamaños... y se nos abrió el paraíso. Aunque por el camino nos dejamos algo importante: los interruptores mecánicos. Los teclados de membrana se pusieron de moda. Eran más baratos, más contenidos en dimensiones y peso. Más cómodos... ¿o no?

La realidad es que un buen teclado de membrana no tiene por qué ser incómodo ni dañino para los dedos. Ahora mismo escribo estas líneas con uno y la sensación no podría ser mejor. Sin embargo, la mayoría no llegan al nivel (ni son hergonómicos como el mío). Es ahí donde los teclados mecánicos brillan por prestaciones y precio.

Así que uno decide invertir en su salud con un teclado mecánico. Llega a la tienda sonriente y con no menos de 100 €. Pone el fajo sobre la mesa y se lo pide al dependiente. Si tiene suerte y sabe distinguirlos de los de membrana, se topa con la maldita pregunta: ¿de qué color? Molesto, uno responde que le da igual el color, que no es tan exquisito. Y, con cara de tonto, atiende a la explicación del experto: el color no se refiere a la estética, sino a las propiedades físicas de las teclas.

Resumiendo mucho, hay tres factores a tener en cuenta a la hora de elegir color: la presión necesaria para accionar la tecla, la sensación táctil y el ruido. Sí, cualquier teclado mecánico va a ser más ruidoso que uno de membrana. No obstante, los cherry azul son especialmente ruidosos. Eso sí, tienen su puntito de nostalgia.

Para escribir, recomiendo que tengan sensación táctil. Esto hace que podamos notar una ligera resistencia en mitad del recorrido de la tecla que nos indica cuándo es suficiente para haberla pulsado. Así nos ahorramos bajar hasta abajo, con el consecuente sufrimiento para los dedos y la pérdida de velocidad.

Por último, cuanta menos presión sea necesaria para activar la tecla, mejor. Teniendo en cuenta todo esto, creo que los teclados con interruptores cherry marrón son los más aptos para escribir. Más silenciosos, poca resistencia al dedo y sensación táctil a mitad de recorrido. Tuve uno y me deshice de él...

¿Por qué? Porque después de probar las dos cosas, creo que la hergonomía postural es más importante que las propiedades de las teclas, siempre que alcancen un mínimo. Así que volví a mi teclado partido y curvo, y seguí con él... hasta que se me rompió hace un par de semanas el receptor inhalámbrico USB. Una tragedia de la que he podido salir adelante gracias a la garantía y a un estupendo servicio técnico de Microsoft (fabricante de esta maravilla). Por si os interesa, os dejo aquí el enlace para ver sus características:

Microsoft Sculpt Hergonomic Desktop

Bueno, espero que os haya servido y que podáis concluir vuestra obra sin percances ni lesiones graves. Dejad vuestras impresiones si habéis probado alguna de las alternativas y cuál os convence más. ¡Hasta la próxima!

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