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Menos orden y seguridad, ¡que tenemos que entrenar!



Empiezo estas líneas con la sensación de que el titular podría ser uno de esos chistes sobre negros que corren mucho. La frase podría encajar en un meme con un policía corriendo detrás de un mantero que lleva su ato a cuestas. Nada más lejos de la realidad. Este chiste va de blancos; o de todos los colores más bien. Porque ciegos los hay de todas las etnias y hasta hay algunos que pueden ver.

Quiero expresar mi más profundo rechazo a la campaña de orden y seguridad promovida en los últimos días por C’s en España. Como siempre, los políticos se olvidan de los más débiles. Su compromiso con la cultura y el deporte es nulo. ¿Cómo vamos a presentarnos a los juegos paralímpicos si nos quitan a los manteros de mitad de la acera? ¿Cómo vamos a entrenarnos para el salto de obstáculos modalidad invidente?



Antonio, que entrena unas 6 horas al día en esta disciplina, nos expresa su disconformidad con esta propuesta: «El otro día iba a coger el metro en Sol y no lo noté con el bastón» —nos cuenta visiblemente preocupado. «Sí, pasé caminando por encima de un expositor de gafas de sol. Al principio pensé que eran los restos del botellón del día anterior, pero entonces alguien me llamó la atención y me di cuenta del incidente.» Niega con la cabeza y frunce el ceño. «Todas las gafas molidas, como si las hubieran metido en un mortero. ¡Está claro que tengo que entrenar más duro! Si no, no llegaré a los juegos paralímpicos de 2020.»

Y es que esta polémica campaña se une a otras como la concienciación con la limpieza de la vía pública. «Si nos dejan también sin cacas de perro, ¿qué diablos vamos a tener que esquivar?» Antonio nos cuenta que para él es como jugar al buscaminas accesible. «Sí, nunca sabes lo que te vas a encontrar. ¿Voy por aquí o por allí? En el momento más inesperado puedes pisar una mierda o, ¡mejor aún, restregarla por el bastón! Es gratificante cuando llegas a casa y te encuentras ese tacto blandito y caliente en la contera.» Hace una mueca difícil de descifrar. «También están los chicles, pero esos se pegan más en los zapatos y cuesta andar. Están bien para fortalecer los gemelos, eso sí.»

Por suerte, nuestros políticos no dejan de lado a este colectivo desfavorecido. Como para el resto de los ciudadanos, en año electoral se esfuerzan por dotarles de las infraestructuras que necesitan para su progreso deportivo. «Por suerte tenemos las obras. Si no fuera por ellas… Entreno 3 kilómetros diarios desde mi casa al trabajo. Las salto, las sorteo y, si no tengo más remedio, doy un rodeo. Igual camino otro kilómetro adicional. Poco a poco, voy cogiendo fondo para la maratón» —nos confiesa Antonio con una sonrisa satisfecha. «A veces hay más suerte todavía y desvían el tráfico de autobuses por las obras. En esos días… ¡puedo llegar a duplicar la distancia! Cada vez me siento mejor físicamente y creo que tengo posibilidades de ganar.»

Cuando ya nos estamos acabando el café, Antonio nos habla de otros elementos urbanos que le ayudan a prepararse. «Creo que lo más entretenido es sortear los coches que aparcan en las paradas de autobús. Al principio los bordeaba, pero ahora salto por encima del capó y del techo, y así entreno también para el salto.» Este chico es alucinante. Toda una bestia atlética. «Luego están las ramas que sobresalen metro y medio de los jardines o los toldos demasiado bajos. ¿Ves esto?» Señala una cicatriz en su frente. «Me lo hice hace un par de años delante de unos frutos secos. Iba con prisa y me tragué la barra de hierro enterita.» Se encoje de hombros. Cabe decir que no supera el metro setentaicinco de altura. «Gajes del oficio. En otra ocasión se me metió una rama en el ojo. Aparte de la herida en la córnea, descubrí que soy alérgico. ¡Se me puso como una pelota de tenis! ¡Fue increíble!»

Por último, nos habla de los pasos de peatones. «Cuando tienen sonido para avisarte de que puedes cruzar, pajaritos y eso, me siento frustrado. ¿Y el aliciente de la aventura? ¿Y el reto de llevar los sentidos más allá de los límites para seguir viviendo? ¿Quién querría una vida tan aburrida?» Es por eso que reclama menos orden y seguridad. «¡La vida es mucho mejor cuando es una caja de sorpresas!»

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