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Moisés, Newton y las elecciones andaluzas

Nadie se esperaba el resultado de las elecciones andaluzas, pero, visto a posteriori, ¿cabía esperar otro resultado? La política muere donde nace la radicalidad. Ese parlamento, donde se supone que los representantes de la gente deben debatir y llegar a acuerdos, pierde cualquier sentido en cuanto unos y otros se desprecian, se insultan y, a veces, hasta se escupen.



Miles de andaluces se han pasado de la Biblia al diccionario. No puedo culparlos. Los cuarenta años de travesía por el desierto en busca de la tierra prometida son difíciles de soportar. La eterna búsqueda de una Andalucía mejor ya no es suficiente, y apelar a la fe no basta en estos tiempos de fieles descreídos.

Lo más sorprendente quizás es la fuerza con la que Vox ha entrado en escena. En Twitter no dejo de leer comentarios poco amables hacia el electorado andaluz. Sin embargo, me parece que la responsabilidad de haber creado y alimentado al monstruo es compartida entre más de los que se piensa.

“Actioni contrariam semper & æqualem esse reactionem: sive corporum duorum actiones in se mutuo semper esse æquales & in partes contrarias dirigi.” Esta es la tercera ley de Newton, que traducida al español dice: Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria: quiere decir que las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentido opuesto.

Este postulado de la física mecanicista se aplica también en la sociedad. Cuando surgen movimientos de cambio, deben surgir también movimientos de resistencia a ese cambio. Y cuanto más fuertes sean unos, más lo serán los otros. Es la misma idea planteada en The Matrix entre la existencia de Neo y Smith, y la misma que introdujo Ryan Johnson en el episodio VIII de Star Wars entre el lado oscuro y el luminoso. Cuanto más fuerte sea la luz, más alargada será la sombra.

Si a eso le unimos una estrategia nefasta, tenemos el cóctel perfecto. No soy un experto politólogo ni pretendo serlo. No obstante, crear guetos ideológicos es una forma estupenda de unir a quienes estaban disgregados. Si la máxima de la victoria es «divide y vencerás», la actitud censora, reprobadora y agresiva hacia ciertos sectores solo puede conducir a apretar las filas de quien se siente atacado. Es el plato del que ha comido Podemos durante años, y ahora la extrema derecha también se sienta a esa mesa.

Por último, falta añadir el factor de los falsos conversos. Gente que emplea el voto como castigo en el síndrome del adolescente rebelde. Si mamá te dice que algo es malo y que nunca, jamás de los jamases, debes probarlo, lo más probable es que te tomes dos tazas en mitad de un cabreo. Si otras fuerzas no hubieran focalizado tanto en el peligro de que Vox irrumpiera en las instituciones, es posible que ni siquiera hubieran llegado a conseguir un escaño.

Solo queda esperar que los políticos aprendan la lección Pero, sinceramente, eso conlleva tener más fe de la que los andaluces han podido acarrear hasta ahora. Y en eso son los reyes…

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